Alimentación y cáncer de mama

Después de algunos días en los que las redes sociales se han inundado de lazos rosas y movimientos contra el cáncer de mama, todo ha quedado teñido del color edulcorado de lo que supone una enfermedad terrible para aquellos que la padecen, la han padecido o que la van a padecer.

Ninguna persona está libre de sufrir cáncer, ya que muchos de los factores que intervienen en su aparición están fuera de nuestro control: la edad, antecedentes, factores congénitos… Pero también afectan factores de los cuales sí somos responsables y estos son aquellos que están relacionados con los estilos de vida.

Por este motivo, además de los movimientos de concienciación, es totalmente oportuno hablar de las medidas preventivas que, según nuestro criterio, son más útiles y necesarias que el apoyo sutil, rosado e incluso incoherente de algunas campañas en el día mundial del cáncer de mama (19 de octubre).

Es importante que en estos días tan señalados no recordemos solamente que el cáncer es la segunda causa de muerte por enfermedad en el mundo, sino que aumentemos nuestros conocimientos/acciones sobre esta enfermedad y cómo combatirla, ya que un tercio de los casos de cáncer son prevenibles (https://www.who.int/cancer/prevention/es/).

Existe un lazo muy estrecho entre el aumento de la incidencia de cáncer y los estilos de vida (tabaquismo, consumo de alcohol, sedentarismo, obesidad…), pero sin duda el tipo de alimentación es un factor que puede favorecer o reducir las probabilidades del desarrollo tumoral. Tú eliges.

Esto no quiere decir que no fumar, reducir el consumo de alcohol, comer de forma saludable, llevar una vida activa y tener un peso adecuado te hagan inmune al cáncer; pero sí está claro que llevar un estilo de vida sano que fortalezca tu sistema inmunitario, disminuya los factores de riesgo y maximice la prevención es el verdadero sentido de nuestra iniciativa y por lo que te animamos a que olvides por un momento el color rosa y pienses en . Más adelante entenderás por qué.

Empecemos por entender qué es el cáncer y para ello te damos varias opciones para que tú mism@ lo intuyas:

a) Mala suerte.

b) Un signo del zodiaco con un cangrejo.

c) El crecimiento descontrolado y anómalo de células sin ninguna función, que pueden cubrir algunas zonas del cuerpo (como los órganos), impidiendo al organismo que funcione correctamente.

Lo cierto que todas son correctas, pero como nuestra idea es aportarte un poquito más de información sobre la enfermedad, nos quedamos con la c). Cuando aparecen estas células tumorales en el organismo (lo cual puede ocurrir a diario debido a las mutaciones de nuestros genes), nuestro sistema inmunológico se encarga de detectarlas y destruirlas.

¡Zas! Fuera de ahí, maldita.

Entonces, ya tenemos una pista: si cuidamos de nuestro sistema inmunitario a través de nuestro estilo de vida y la alimentación, estaremos mejor protegidos frente a las células tumorales.

¿Entonces debemos tomar muchos Actimeles? Mmmm… No, no van por ahí los tiros.

Por muchos alimentos que tomemos “que mejoren nuestras defensas”, sino incidimos en otros factores fundamentales de poco va a servir, ya que el tabaco, el alcohol, la falta de actividad física, el exceso de grasa corporal y una alimentación inadecuada favorecen un estado pro-inflamatorio crónico basal.

Que… ¡¿Qué?!

Pues resulta que todos estos factores del estilo de vida estimulan procesos inflamatorios en el organismo y generan también radicales libres (moléculas que dañan a las células y aumentan el desarrollo de mutaciones), pudiendo llegar a sobresaturar a nuestro querido sistema inmune, es decir, que esté siempre activo y que no dé a basto en el reconocimiento de células tumorales.

Podríamos decir que… Las “condiciones laborales” de nuestro sistema inmune empiezan a tener sentido y que no solo debemos cuidarnos para hacernos fotos para Instagram, sino para que todo el engranaje que nos mantiene vivos funcione como tiene que funcionar.

Ni más ni menos.

¿Ahora es cuando todo el mundo sale a la calle en manifestación para pedir que mejoren las condiciones de nuestro apreciado sistema inmune?

No es necesario, aunque no estaría nada mal que administraciones y gobiernos aplicaran medidas sociales preventivas, como por ejemplo facilitar la lactancia materna mínimo hasta los seis meses, fomentar una alimentación rica en vegetales en escuelas y hospitales, promover el consumo de soja y derivados en las mujeres desde la infancia, favorecer la detención precoz y los tratamientos a todas las mujeres…

Aún así, nuestra intención es transmitir un mensaje desde el autocuidado (#amatumama) y por ello hemos decidido compartir con tod@s vosotr@s las claves de una alimentación preventiva, ya que existen ciertas moléculas en los alimentos que inhiben la inflamación, el desarrollo de los mecanismos que favorecen las mutaciones y la progresión del cáncer, sin olvidarnos de los alimentos con poder antioxidante que capturan los radicales libres.

No existe una alimentación “anticáncer”, pero sí una serie de hábitos que van a favorecer la prevención y es por ello que os animamos a pensar ahora mismo en  de los alimentos que ayudan a prevenir la aparición de las células cancerígenas.

 

VEGETALES NARANJAS

El color de los alimentos vegetales nos permite conocer algunos de sus beneficios. Por ello, el color naranja y amarillento indica que son ricos en carotenos, que son sustancias antioxidantes. Otras sustancias beneficiosas que podemos encontrar en los alimentos vegetales son el lycopeno (antioxidante) y sustancias antiinflamatorias, pero esta información no puedes encontrarla en las etiquetas de frutas y verduras, por lo que una buena forma de consumirlos es incluyendo vegetales de colores variados en tu alimentación.

 

VEGETALES VERDES OSCURO

Los vegetales de este color suelen ser ricos también en antioxidantes, en concreto los de hoja verde que contienen luteína (antioxidante). También existe evidencia científica en la reducción de riesgo de algunos tipos de cáncer con el consumo de vegetales como el brócoli, coliflor y kale, que contienen isotiocianatos. Además de otras muchas sustancias relacionadas con la prevención del desarrollo de cáncer, como los flavonoides (antioxidantes) que se sintetizan en las plantas y no en el fruto.

 

PROBIÓTICOS Y PREBIÓTICOS

Nuestra microbiota intestinal está directamente relacionada con nuestro sistema inmunológico, además son varios los estudios que demuestran que una microbiota equilibrada reducir el estado de inflamación y favorece a un mejor funcionamiento del sistema inmune, el cual se encarga de protegernos frente al desarrollo de las células cancerígenas, especialmente en el desarrollo del cáncer de colon.

Los probióticos son alimentos que contienen baterías beneficiosas para nuestro intestino y son el yogur, kéfir y otros alimentos fermentados. Además, si al consumo de probióticos sumamos la acción de los prebióticos (básicamente la fibra que contienen los vegetales), el impacto en la prevención de cáncer es mayor, pues toda nuestra población de bacterias intestinales se verá beneficiada para un mejor funcionamiento.

 

GRASAS SALUDABLES

Aunque la industria de las dietas haya puesto de manifiesto que las grasas son terribles para la salud una y otra vez, lo cierto es que la ciencia dice lo contrario, pues no todas las grasas de los alimentos funcionan de la misma manera en nuestro organismo y en concreto algunos tipos de ácidos grasos son realmente maravillosos, en especial los Omega-3 para la reducción del colesterol LDL y también para la reducción de algunos tipos de cáncer como el de mama.

Podemos encontrar Omega-3 en el pescado azul (salmón, atún, sardinas), mariscos y frutos secos.

Cabe destacar también el Aceite de Oliva Virgen Extra como fuente principal de grasas en la dieta mediterránea y sin duda uno de los alimentos más beneficiosos de nuestra dieta para la prevención del desarrollo de cáncer.

Por último y no menos importante, es necesario recalcar que además de aportar a través de la dieta toda esta serie de beneficios que nos otorgan los alimentos naturales, es preciso reflexionar acerca de aquellos que favorecen la inflamación y oxidación, pues es casi más conveniente reducir los factores de riesgo que aumentar los factores de protección.

El consumo excesivo de azúcar, grasas saturadas, grasas vegetales y harinas refinadas son la causa principal de la mala alimentación en la población de hoy en día, por ello es preciso hacer hincapié tanto en la protección (alimentación llena de colores naturales) como en la reducción de los factores de riesgo (ultraprocesados, mala alimentación, tabaquismo, etc.).

 

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